domingo

Pilar de Cavia y Lac

PILAR ERA UNA DOÑA EMILIA PARDO BAZÁN

CON BOINA

(Mariano de Cavia)




Para todos aquellos que visitais ésta página: si alguno de vosotros teneis conocimiento de poesias, historias o pormenores de la vida de esta poetisa, os agradeceríamos nos los remitieseis al correo del blog: eldesvandemislibros@gmail.com. Gracias por vuestra colaboración.


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En Albalate de las Nogueras
UNA HERMANA DE MARIANO DE CAVIA, POETISA

ABC, 11 de enero de 1931
Por Luis Martínez Kleiser ( seguir este enlace)
Albalate de las Nogueras esconde su poblado detrás del parapeto de unas casas que parecen glosas puestas al margen del texto de la carretera. Las casas de la villa cabalgan sobre el es­pinazo de un cerro, cuya vertiente poste­rior cae rápidamente a un vallecillo, an­gosto como el foso de una fortaleza, por cuyo fondo discurre rumoroso el río Trabaque.

La montaña frontera semeja un gigantes­co tronco, tumbado y partido en su centro por la hendedura de un tajo formidable. Esta gigantesca abertura es la Hoz de Albalate, que atraviesa bravia el corazón de la montaña hasta desembocar en el Campi­chuelo. Aquel esófago monstruoso ofrece un paisaje tan extraño, tan pintoresco, tan sugestivo, como el resto de las Hoces de la provincia: riscos monolíticos, enhiestos, de superficie pulimentada y bruñida; piedras moradas, como, acardenaladas, teñidas a ve­ces con chorreones de ocre; muros de pie­dra, que parecen de acero empavonado; cas­tillos y torreones naturales de gótica tra­za, que se yerguen sobre las cumbres; con­glomeraciones de toba que nos miran con los mil ojos espantados de sus oquedades intensamente abiertas y que desencajan las articulaciones de sus mandíbulas prominen­tes para albergar en, su seno tinadas, go­rrineras y establos.

En un ensanche de la Hoz ofrece hospi­talidad el oasis apacible de, un molino; y allí, en la tierra, pero lejos y hasta se pu­diera decir que fuera del mundo, entre pa­redes carcelarias de roca, bajo bóvedas de frondas y arrullados por el borboteo mu­sical de las aguas, recibimos el obsequio de un refresco regional que recibe el nombre de paloma, y que, blanco, espumoso, ingrá­vido, aéreo, cae en el interior de los vasos como tina cascada de plumas.

Guió nuestros pasos hacia Albalate el de­seo de recorrer la Hoz, escondida y mis­teriosa como un lugar de encantamiento, y el capricho acucioso de visitar una villa que se honra desde hace largos años contando en el número de sus habitantes a una her­mana de Mariano de Cavia.

Doña Pilar de Cavia había nacido el 5 de enero de 1860 en Zaragoza, donde su padre, D. Francisco, natural de Trespaderne, desempeñaba por entonces una notaría. El Sr. De Cavia, más atento aquellos días a las andanzas de la política que a las atenciones de su despacho, consumía en la aventura legitimista, no ya sólo sus ingre­sos notariales, sino su saneado patrimonio, pagando primero veinticinco mil duros por su propio rescate, cuándo estuvo preso en el castillo de las Aljaferías, y montando después, a su costa, un batallón para en­grosar las huestes de D. Carlos. De esta manera doña Pilar, ya que no capital para hacer frente a la vida, pudo heredar de su padre la firmeza de una opinión que, pese a las mudanzas de los tiempos, ha durado tanto como su vida.

Los años pasaron; la niña se hizo moza y quiso su destino que pusiese sus ojos en un estudiante natural de Cuenca, Santiago Antelo Merchante, hijo del último corregi­dor de la ciudad de Alfonso VIII, con quien, después de los obligados trámites amorosos y legales, contrajo matrimonio, y a cuyo lado fundó su hogar en Albalate de las Nogueras, donde Antelo tenía propie­dades.

Vivió después largos años en Cuenca, en­viudó y contrajo, por último, segundas nupcias con D. Nicolás Vindel, retirándose nuevamente a terminar sus días en Albala­te, donde en la actualidad regenta la ha­cienda de su primer marido y consagra sus seniles actividades a educar e instruir cari­tativamente el corazón y las inteligencias de las niñas del pueblo.

Pero desde su niñez, hermana al fin de aquel coloso de la pluma y de la inteligen­cia que se llamó Mariano de Cavia, dedicó algunos de sus ocios a explayar sus aficio­nes literarias de tal modo que de sus ma­nos tan pronto salían labores y bordados, como albores poéticos, espontáneos, genero­sos, sencillos, que quedaron inéditos las más veces sobre cuartillas sin alas, incapaces de volar a la imprenta, o casi inéditos las res­tantes, por haber visto la luz en periódicos de poca circulación.

Pilar de Cavia es acaso una poetisa ma­lograda, que escribió jugando, que no sin­tió el estímulo de la vanidad, que no codició el aplauso, que barajó consonantes y me­tros como bolillos de un encaje, buscando sonoridades, melodías y ritmos, sin verse obligada a encerrar en ellos la turbulencia de la pasión, la herida del desengaño ni el acíbar de la amargura. Fué al escribir plá­cida, infantil, indolente; entregó a sus ver­sos sus ocios; pero, tal vez, se reservó su alma, y por eso ofreció en sus composicio­nes quizá un caudal de promesas más que una cosecha de realidades.

Pensando en sus aficiones literarias bien nacidas, si no bien cuajadas, y en su credo político, pudo, pues, decir su hermano, el gran Mariano de Cavia, con donosura acaso no exenta de fraternal ironía, que "Pilar era una doña Emilia Pardo Bazán con boina".

Tenía once años cuando escribía:

Las olas del mar azul
nos dicen continuamente
así se aleja la vida
así se acerca la muerte


Apenas cumplidos los trece años, componía ya quintillas briosas, que eran como latidos de emoción, despertados por los horrores de la guerra carlista:

Pues a ese grito que aterra
con este otro contestad:
¡Hijos de esta noble tierra!
Hagamos guerra a la guerra
y paso a la caridad.


Y así continuó después escribiendo madrigales, como aquel que en 1874 escribía:

Mas de pronto las sombras
rasga luciente
un rayo de luna que dulcemente
la linfa besa
del arroyo encantado
que me embelesa.


O como las estrofas, al canto del ruiseñor compuestas en 1877

Fragante rosa
flor hechicera
gala preciosa
de la pradera
mi dulce encanto
mi tierno amor
oye el rendido canto
del ruiseñor.

Todo ello entre docenas de composiciones candorosas, ingenuas, pero libres de toda influencia extraña que hubiera despertado el deseo de imitación en su espíritu. Después, cuando su musa fue recibiendo la impresión de otras lecturas, imitó ahora al Campoamor de las Dolaras'.

Al ver tu cara divina
y tu talle encantador, '
dice el vate "es una ondina”,
y el botánico, "una flor" ;
.....................................
un pintor entusiasmado,
"la Virgen de Rafael" :
un goloso, "qué bocado"
un marino, "qué bajel'".


Luego al Campoamor de las Humoradas:

Aunque viviendo morimos
y al morir resucitamos,
ante una cuna reímos
y ante un sepulcro lloramos.

Unas veces a Núñez de Arce, como en las estrofas dedicadas a describir El Viernes Santo en la aldea:

Al triste y solemne son
del pausado Miserere
avanza, la procesión,
en tanto que el día muere
envuelto en negro crespón.

Sn otras ocasiones, a Gabriel y Galán, como cuando pregunta en una poesía bucólica:

¿Conocéis a Mari Juana,
la cabrerilla serrana,
gentil como una gacela,
fresca como una manzana?


Y hasta se encuentra en su florilegio alguna imitación del magnífico soneto de autor anónimo que empieza "No me mueve mi Dios para quererte", cuando en otro titulado Contricción asegura en el último terceto:

No os amo por la gloria prometida;
os temo humilde y os adoro tanto
sólo por ser quien sois, Dios de mi vida.

Su arpa vibraba más intensamente cuando evocaba a Zaragoza, que vivía en su corazón, mientras su cuerpo vivía en Cuenca. Por eso pedía en una estrofa, al hablar de las Remembranzas, que despierta en su espíritu la jota:

Suena dulce evocación
de cuanto en mi corazón
tiene un trono y un altar:
Zaragoza y Aragón
y la Virgen del Pilar.


Y terminaba su Viaje ideal con estas palabras :

Y en la inmortal Zaragoza,
donde mi espíritu goza
de dulcísimo consuelo,
tendrá fin la correría,
porque desde allí, Lucía,
sólo se puede ir al Cielo.

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LA GLORIA

Fulgúrea nube
de rosa y de nácar,
va cruzando el espacio azulado
con rápida marcha.
Incauta avecilla
contempla sus galas,
y de cerca por ver sus fulgores
la atmósfera escala.
Llega, y disipándose
la nube rosada,
á los rayos del sol refulgente
se queman sus alas.
La gloria es el prisma
rosado que encanta
al mortal que cual pájaro incauto
tras ella se lanza.
Mas se desvanece
cuando va á alcanzarla …..,
abrasando aquél cruel desengañó
del génio las alas.

Pilar de Cavia
Semanario Juventud, 04-05-1902

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En el "Certamen Científico Literario" convocado por el diario "El Mundo" , en la edición del 9 de septiembre de 1911, pag. 2, y bajo el Lema: "", ha obtenido el accesit primero la obra presentada bajo el título "Patriotismo" de Dª Pilar de Cavia, de Albalate de las Nogueras, de un total de 59 trabajos presentados.

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El "Día de Cuenca" de fecha 30 de noviembre de 1915, pag. 2, y el 24 de febrero de 1918 en diario "El Sol", pag. 5, Hoja Literaria, en ambos se inserta el siguiente poema:


LAS PALOMAS DEL MOLINO


Desde un alto del camino,
pláceme ver revolar
y en el espacio girar
las palomas del molino.
Son tantas, que al ascender
ocultan el sol radioso
cual nublado tenebroso
o súbito anochecer.
Al despuntar la alborada
de su palomar descienden,
y en la ancha vega se extienden
fingiendo fugaz nevada.
Y la brisa matutina
pueblan de mansos arrullos,
aleteos, y murmullos,
en la quietud campesina.
Unas, en la linfa pura
del rio, mojan sus alas,
ostentando nuevas galas
del agua con la frescura.
Otras, su pico rosado
hunden en la ancha corriente,
o pican alegremente
las semillas de un cercado.
¡Cuan graciosas son! Sus ojos
forman el encanto mío:
y ¡que mansas! en estío
descienden á los rastrojos
disputando el rubio grano
del surco, á la espigadora,
que con gracia que enamora
las halaga con su mano.
Mas si el frío y cano enero
vierte cristal en la fuente,
y la nevada inclemente
cubre el valle y el sendero
o densa lluvia otoñal
la rica vega convierte
en triste páramo inerte
y en inmenso barrizal,
ellas, del blanco molino
cubren el viejo tejado
cual un escuadron alado
que algo tiene de divino.
Y se esponjan y pasean,
y se arrullan amorosas,
y cual damas vanidosas
gallardas se contonean.
Y yo al mirar su candor
digo entre bromas y veras:
palomitas molineras,
guardaos del cazador.

Pilar de Cavia.


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LA GUINEA ESPAÑOLA, Revista Quincenal, Nº 517 (Santa Isabel-Fernando Poo, 25 de marzo de 1922)

TIEMPO SANTO


Ya es llegado aquel tiempo bendecido
en que el cristiano presuroso avanza
en el santo bajel de la esperanza
para llegar al puerto apetecido.

En que la oveja a su redil perdido
tras su Pastor dulcísimo se lanza,
va los brazos del Padre sin tardanza
el hijo ingrato vuelve arrepentido.

Ya es llegado aquel tiempo saludable
en que un Dios con afecto inenarrable
nos espera clavado en un madero.

Corramos a sus brazos amorosos,
lavando nuestras almas fervorosos,
con la sangre preciosa del Cordero.

Pilar de Cavia

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REVISTA MARIANA, Nº 45, Pgs. 94 y 95 (Córdoba, Mayo 1927)

¡AVE MARÍA!

Palidecen las estrellas
huye la noche sombría
y la aurora en el Oriente
brilla con rosadas tintas.
Deja el pájaro su nido,
y en la enramada vecina
saluda regocijada
la luz del alba bellísima...
Susurra el manso arroyuelo
que entre flores se desliza,
rizándose al ledo beso
de las auras matutinas.
¡Qué hermosa naturaleza
despierta a la luz del día!
Todo canta, todo rie
todo es luz, aroma y vida;
y en tanto pausada y grave
la campana de la ermita
su voz sonora a los vientos
lanza y dice:—¡Ave María!

En medio de su carrera
el sol espléndido brilla
y en hondo letargo yace
soñolienta la campiña.
Enmudece el pajarillo,
ni un soplo de viento agita
el follaje de las frondas
ni las dores abatidas...
Sólo la fuente murmura
corriendo entre pardas guijas,
sólo su ingrato chirrido
lanza la cigarra tímida.
La campiña se adormece
al calor del medio día
todo es inercia y reposo
bajo el sol que ardiente brilla;
en tanto lenta y solemne
la campana de la ermita
su voz sonora a los vientos
lanza y dice:—¡Ave María!

Cae la tarde: por doquiera
se extiende sutil neblina
y el lucero vespertino
en el firmamento brilla.
Lanza el ruiseñor sus trinos
en el bosque; suaves pian
buscando el rústico nido
las pintadas avecillas;
cierran su cáliz las flores
del véspero a las caricias;
gime el río caudaloso,
manso el céfiro suspira.
¡Qué triste naturaleza
despide la luz del día!
todo enmudece, todo es
silencio y melancolía:
y en tanto, majestuosa
la campana de la ermita
su voz sonora a los vientos
lanza y dice:—¡Ave María!

¡Ave María! murmuran
cielo y tierra: ¡Ave María!
el ángel en las alturas
y el hombre aquí de rodillas.
¡Oh salutación sublime,
dulce plegaria ternísima,
en este valle de llanto
nuestro consuelo y delicias.
Para honrar la Virgen Madre
nuestros labios te recitan
su protección implorando
tres veces durante el día.
Quisiera en mi corazón
tenerte siempre esculpida
y en mi cerebro tenerte
con rasgos de fuego escrita;
y quisiera al despedirme
de esta miserable vida
exhalar mi último aliento
suspirando:—¡Ave María!


Pilar de Cavia.


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LOS DRAMAS DE LA VIDA
Dª PILAR DE CAVIA

El Dia de Cuenca, 14 de Abril de 1929

Copiamos de nuestro estimado colega «La Voz de Cantabria» que a su vez lo recoge de otro pe­riódico lo siguiente:
Pilar de Cavia es una mujer delgada y no muy alta. Ha pasa­do la cincuentena; pero su rostro se conserva fresco, sin arrugas, Lleva pañuelo a la cabeza, como las mujeres humildes de su tierra, aragonesa; un pañuelo negro que cubre la frente deja ver la ceniza de sus cabellos ya grises. Sobre el jersey, una bufanda de punto. La falda hasta las botas negras, abotonadas. El conjunto da la sensación de miseria. Una mise­ria limpia, una de esas miserias vergonzantes, que tratan de disi­mularse, pero en las que a poco que se repare no hay manera de que subsista el disfraz. Habla con voz aguda, penetrante, y sus pa­labras se confunden el tono de lamentación y el de energía.

-Sí, Señor—nos dice- yo soy hermana de Mariano de Cavia. La vida ha sido dura conmigo, y aquí me tiene usted luchando con la miseria en Barcelona, donde nadie me conoce y no puedo sentir reparo en recurrir a los más hu­mildes menesteres con tal de ga­narme el sustento.

Yo recuerdo que, en efecto ha­ce mucho tiempo que rueda por Barcelona una hermana de Mariano de Cavia, en triste y agobiante situación, Las Asociacio­nes periodísticas, con la parquedad de los escasos medios de que disponen, han acudido alguna vez en su socorro. Algún periódico ha llamado a los sentimientos caritativos de sus lectoras en demanda de unas pesetas. Pero estos reme­dios, pequeños y espaciados, no pueden constituir una solución. Fatigan al que los proporciona, y el que los recibí; se cansa de soli­citarlos con tanta reiteración.


-Mientras vivió mi hermano -sigue hablando- se sostuvo mi familia. El derrumbamiento vino a su muerte. El, con su trabajo y con su prestigio, era el alma de la familia. Desaparecido él, vino... ya puede usted suponerlo; el desmoronamiento. Mis otras dos hermanas son casadas y tienen su casa. Pero yo, que soy soltera, me vi sola. Ya se sabe que en las familias los parientes estorban, sobre todo cuando no tienen di­nero, y como no nos aveniamos, opté por marcharme a Madrid.-¿Qué familia quedó a la muer­te de su hermano?
-Dos hermanas casadas, Pa­trocinio y Carolina, y yo.
Pilar nos cuenta la tribulación de los días que siguieron a la muerte de su hermano.
-Y qué se hizo de la bibliote­ca de su hermano? Creo que tenía una colección de libros bastante importante.
-Eso creía yo también. Pero, por lo visto, estaba equivocada. En este sentido escribí a mis pa­rientes; pero éstos me contestaron que los libros que había deja­do no eran buenos más que para el trapero.-¿Y los vendieron al trapero?
-Supongo que sí, porque de vez en cuando, cada vez que re­clamaba, me mandaban tres o cuatro duros.-¿Le hicieron muchos envíos?
-Ya le digo que sólo me enviaban esas cantidades cuando re­clamaba. Se ve que coincidían mis cartas con las visitas del tra­pero.-¿Y de las ediciones?
-Eso de las ediciones es otro asunto. Una vez me enviaron un contrato de la editorial Renacimiento firmado por mis dos her­manas. Faltaba mi firma para que tuviera validez. Yo consulté con un notario, D. Pompeyo Crehuet, el cual me dijo que no lo veía muy claro; pero, al fin me aconsejó que lo firmara, porque era preferible sacar algo, aunque fuera poco, que no sacar nada. En este contrato se convenía que el edi­tor nos abonaría 1.500 pesetas de cada libro de mi hermano que se editara, pagaderas en dos plazos. De manera que cada entrega era de 150 duros, y salíamos a 50 du­ros cada hermana. De ellos des­contábamos cinco duros cada una para uno de mis cuñados, que es escritor, por su trabajo de selec­cionar los originales.
Se editó «Limpia y fija», y co­bré puntualmente los 45 duros que me correspondían del primer plazo. La segunda entrega tardé en cobrarla, pero la cobré.
Luego se publicó «Chacharas», y percibí el primer plazo en su día. Pero para cobrar el segundo tube que ponerme seria. Reclamé en términos enérgicos, y enton­ces me giraron telegráficamente el dinero.
Por último, se editaron las «Re­vistas de Sobaquillo», y, como de costumbre, recibí el primer plazo con puntualidad.
-¿Y el segundo?
-Todavía lo espero. De esto hace la friolera de tres años. Re­clamé entonces, y uno de mis parientes me escribió una carta violenta, en la que me decía que «por lo visto yo quería entrar en la gloria con billetes de favor por cara de mi hermano y que muer­to el perro, muerta la rabia »-¿Se ha editado alguna otra obra de su hermano?
-No sé si se ha publicado algo más. Por lo menos a mí no me han dicho nada.-¿Y cómo se las arregla usted para vivir?
-Pues muy mal. Vivo en la calle de Flassaders, en el sexto piso de la casa número 41, y me defiendo haciendo muñecas de adorno y para pantallas, y yo misma las vendo o las rifo por los mercados.-Y saca mucho producto de su industria?
-Muy poco. Para no morirme de hambre. Al principio, sus com­pañeros, los periodistas, me ayu­daron todo lo que pudieron. Yo estoy muy agradecida a los pe­riodistas barceloneses. El Centro de Reportéis y la Asociación de la Prensa me hicieron donativos. Pero yo comprendo que no podían hacer más de lo que hicieron. Eduardo Sanjuán, un joven escri­tor todo corazón, desde las co­lumnas de «El Diluvio», que diri­ge D. Jaime Claramunt, el hom­bre de la bondad infinita, excitó a que se me ayudase. Pero la gente, naturalmente, se cansa. Rivera y Rovira también ha tra­bajado mucho en mi favor.-¿Y no se logra nada concre­to?..."
-No, señor. Ni de los periódi­cos en que trabajó mi hermano ni de las Diputaciones aragone­sas que parecían dispuestas a dar una pensión. A mi ya no se me ocurre nada para salir de esta aflictiva situación. A ver si usted, exponiendo mi caso en Madrid, logra que por caridad y en re­cuerdo de mi hermano, se acuda en mi ayuda.

Y yo, sin nombrar a nadie, sin aludir a nadie, para que ninguna suceptibilidad pueda ser herida, expongo la triste situación en que se encuentra Pilar de Cavia, la hermana del gran periodista, que para no morirse de hambre tiene que ir rifando muñecas por los mercados barceloneses.


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DESMENTIDO DE LA NOTICIA ANTERIOR




















La noticia de que se hace eco “El Día de Cuenca” el 14 de abril de 1929, procede una publicación anterior realizada en el “Mundo Gráfico”, pag. 14 del día 3 de abril de 1929, tal y como pueden comprobar en la imagen que se adjunta. El 24 de abril, en el mismo semanario, Mundo Gráfico, pag. 6, aparece la siguiente rectificación:
La señora Dª Pilar de Cavia de Vindel, residente en Albalate de las Nogueras (Cuenca), Y posteriormente su esposo D. Nicasio, nos escriben atentas cartas rogándonos que hagamos constar que se trata de una suplantación de nombre y apellido el hecho de que otra persona aparezca con los de Dª Pilar de Cavia en una información publicada por MUNDO GRÁFICO recientemente, consignándose que la hermana del gran cronista fallecido, D. Mariano de Cavia, encontrábase en Barcelona y en situación tan aflictiva, que se veía precisada á rifar muñecas por las calles para atender á su subsistencia.
No se trata, pues, de Dª Pilar de Cavia, que goza de excelente posición y vive con su esposo, D. Nicasio Vindel, en Albalate de Nogueras, sino de otra de las hermanas del escritor ilustre, de nombre Carolina, que, según las manifestaciones de Dª Pilar y su esposo, no ha querido aceptar nunca la generosa protección que le ofrecieron en distintas ocasiones.”

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Diario La Razón, 31 de enero de 1923     
PUEBLERINA

Santa Quiteria
A la insigne poetisa señora
Doña Pilar de Cavia.

Sobre la empinada cumbre
de un cerro se halla la ermita
donde está Santa Quiteria,
a quien venera en su día
este pueblo albalaleño,
fundado en una colina,
con sus casas apiñadas,
sus calles resbaladizas,
sus afueras pintorescas
y sus bellas cercanías.
Aquel diminuto templo
desde abajo se divisa,
y es como sagrada ofrenda,
que se alza en aquellas cimas,
donde florece el olivo
y reina calma infinita
y hay un silencio profundo,
y paz serena y tranquila.
Todos los años y en una
fecha memorable y fija,
cuando el lozano verdor
de las fértiles campiñas
semeja un mar de esmeralda
perdido en la lejanía,
entonces el vecindario
hacia el cerro se encamina
formando una abigarrada,
religiosa comitiva.
El Sacerdote bendice,
con oraciones henchidas
de fe, aquellos lugares;
poco a poco, senda arriba,
y con él todos los fieles
repiten La Letanía.
Pueblan el aire los sones
de las campanas que vibran
en tonante clamoreo,
y en el ambiente palpitan
efluvios de savia nueva,
emanaciones de vida
que los fulgores del sol
van encendiendo y reaniman.
En el altar de la Santa,
terminada ya la misa
que oyen todos los devotos
fervososos, de rodillas,
unos y otros se sitúan
alrededor de la ermita,
y, sobre el suelo, a capricho,
forman corro las familias
con la clásicas merienda,
de que suben ya provistas,
y hay dichos, y chicoleos,
y animación, y alegría,
y corre el neto y sabroso
vino que es una delicia.,..
Tañe un mozo la vihuela
y una pareja garrida
sale a bailar. Una copla
-copla de ansias infinitas-
surca el espacio, en anhelos
amorosos encendida...
Y los viejos palmetean,
las viejas se regocijan,
danzan los mozos y mozas
y los pequeñeluos chillan...
Mas ya se apagan las voces
y cesa la algarabía,
porque ya sacan en andas
Santa Quiteria bendita,
y entre litúrgicos cantos
desciende la comitiva.
¡Oh, qué gratas son las horas
de esta festividad típica!
Cuando penetra en el pueblo
la sagrada romería,
cae al paso de la Santa
de flores lluvia polícroma,
y en las andas muchos fieles
poner sus niños ansian,
que un glorioso coro de ángeles
asemejan de tal guisa.
En tanto el sol en la altura
parece, cuando áureo brilla,
que tiende sobre la imagen
un manto de pedrería.


S. Martínez Escribano (seguir este enlace)
Albalate de las Nogueras

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La adoración de los Reyes
De Arabia vengo, ¡Niño precioso!,
y la distancia crucé contento,
pues un arcángel esplendoroso
me anunció en sueños tu nacimiento.
Me dijo que eras Rey de los reyes,
aunque en establo tan ruin nacido,
y al mundo bajas a dictar leyes
al hombre abyecto y envilecido.
Guió mis pasos fúlgida estrella
que iluminaba la noche umbría,
mas al reflejo del alba bella
súbitamente desaparecía.
Llegué a tus plantas y humilde imploro,
egregio Niño, tu santo amor,
y reverente te ofrezco mi oro:
Yo soy Melchor.
También yo vengo, cándido Infante,
a Tí atraído por fuerza extraña,
siguiendo un astro de luz radiante
desde la orilla que el Nilo baña.
Por los profetas fuiste anunciado
y las Sibilas de ojos videntes:
sé que Dios eres; el Deseado
que tanto ansiaron pueblos creyentes.
En dromedarios de largos cuellos
telas te traigo de gran riqueza,
blandas alfombras, tapices bellos;
mas nada es digno de tu grandeza.
Y, pues Dios eres, con gozo inmenso
adoraciones te vengo a dar
al ofrecerte sagrado incienso:
Yo soy Gaspar
Mi tez es negra cual noche obscura,
y de Etiopía vengo afanoso
tras una estrella cuya hermosura
eclipsa, ¡oh Niño!, tu rostro hermoso.
Para encontrarte, crucé atrevido
inmensos ríos invadeables,
y de las fieras oí el rugido
en verdes selvas impenetrables.
Y fiel te ofrezco mis siervos nubios
y ricas pieles de blanco armiño,
joyas que adornen tus rizos rubios,
y respetuoso y hondo cariño.
¡Oh Dios hecho Hombre! Yo no merezco
hasta tu rostro mi vista alzar;
mas, pues Hombre eres, mirra te ofrezco:
Soy Baltasar.

Pilar de Cavia
El Sueco, 07-01-1931

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Esquela sobre fallecimiento de Dª Pilar de Cavia y Lac

Hoja del periódico "El Defensor de Cuenca"
5 de octubre de 1935

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