miércoles

Felipe Lesmes Zafrilla y Duarte

Esta Portada es recreación mía para la
recopilación de sus dos tomos.

Un buen día que me encontraba, como tantos otros, investigando sobre la cultura e historia de Albalate de las Nogueras (Cuenca), encontré esta reseña: “Nació este benemérito eclesiástico en Albalate de las Nogueras, pueblo de la diócesis y provincia de Cuenca, el 3o de enero de 1792; y no parece sino que nació con él la piedad y celo por la Religion. Hijo de padres sobre piadosos instruidos, desde sus primeros años dió muestras de lo que habia de ser despues. En la escuela estaba, y ya tomaba á su cargo repasar á los mas pequeños la doctrina cristiana, y perfeccionarlos en lo mismo que acababan de enseñarle á él. Perfecto en la latinidad el 1805, obtuvo la gracia de Beca pensionista en el seminario conciliar de san Bartolomé de Siguenza; y este colegio, que cuenta en el número de sus hijos Cancilleres mayores de Milan, Comisarios generales de Cruzada, Ministros de Marina, Consejeros y Secretarios de Estado, Confesores y Predicadores de S. M., y diez y siete Obispos, sin otros que renunciaron esta dignidad, se honrará siempre con haberle educado en su seno. Afortunadamente gobernaba entonces aquella diócesis el llustrisimo señor don Pedro Inocencio Vejarano, atento sobremanera en la educacion de la juventud, que miraba al Seminario como su gloria y su corona, y habia constituido al frente de aquella casa al señor don Pablo de Jesus Corcuera, Canónigo entonces de aquella Iglesia, y hoy Obispo de Vich, en quien con la amabilidad de carácter se unia un celo fervoroso que comunicaba á sus alumnos, y con él un espíritu eclesiástico, que ha distinguido á todos los que se criaron bajo su direccion. Cuanto pedia el Concilio de Trento de un seminarista, tanto se practicaba allí; y Zafrilla, que á esto añadia oir en la Cátedra la viva voz y clara esplicacion en las materias mas arduas de la teología del Excelentísimo señor Obispo de Tortosa, don Victor Damian Saez, hijo tambien de la casa, y Canónigo entonces Magistral de la Catedral, y veía los egemplos del actual Obispo de Mondoñedo don Francisco Lopez Boricon, Colegial y Maestro tambien, creció á la par en literatura y devocion. Al paso mismo que por aficion estudiaba las matemáticas y lengua hebrea, edificaba con su modestia á sus condiscípulos y coetáneos; y si alguna vez entre éstos se introducia alguna conversacion menos oportuna, al verle, un que viene Zafrilla bastaba para interrumpirla, y que no se continuase.”


Comencé a investigar quién podría ser este “Zafrilla”, y me topé con dos volúmenes de más de quinientas páginas cada uno, escritos por D. Felipe Lesmes Zafrilla y Duarte, en cuyo primer volumen editado por la imprenta D. E. Aguado, bajada de Santa Cruz, Madrid, en el año de 1829, titulado “Centinela contra los errores del siglo, o sean cartas filosófico-teológico-dogmáticas”, y en “Advertencia” (podríamos decir el Prólogo) aparece la citada reseña.


Como no podía ser de otra manera, me puse a recuperar sus textos, y a pesar de la gran dificultad que entraña la transcripción, espero que con el tiempo, y paciencia, algún día completaré la transcripción, y deseo que algún estamento público esté dispuesto a sufragar la publicación de estos dos volúmenes por el bien de nuestra cultura albalateña.

Carta proemial (pag. 39)
"Continúo sin novedad en este santo desierto (1), donde libre de las ocupaciones y molestias del mundo, disfruto las delicias de la soledad, y el descanso que necesitan mis achaques, y no llevan mal mis años, dignos ya de emplearse en hacer la maleta para el otro mundo, y mirar por mí, no sea que cum alus proedicaverint. &c El rezo y la oracion se distribuyen amistosamente mis dias; y para entretener la ociosidad que dejan tan saludables ocupaciones, no me falta abundante y amena conversacion en los muchos y preciosos libros que forman esta librería. Me preguntaba vmd. en su última ¿qué leo? y en contestacion á su curiosidad , le remito esas cartas manuscritas que, registrando los estantes, hallé por casualidad hace unos dias. Las he leido con atencion; porque su buena letra y mis anteojos nada desgraciados, como vmd. sabe, me lo han permitido, y á decir verdad, no me han desagradado; pues cuando menos se halla en el autor aquel deseo de acertar, que naciendo del amor á la verdad, interesa en su favor, y hace disimulables los defectos. ...."
(1) Convento de PP. descalzos de Priego


A continuación inserto la información obtenida sobre nuestro personaje, en la REVISTA DE ESTUDIOS SEGUNTINOS, del Centro de Estudios Seguntinos de la Asociación Cultural «El Doncel» de Amigos de Sigüenza. Volumen VIII - Núm. 22 SIGÜENZA 2006


PRINCIPALES ECLESIÁSTICOS REALISTAS DE SIGÜENZA 

Miguel TOLEDANO LANZA

Abogado y Economista



D. Felipe Lesmes Zafrilla - Canónigo de Sigüenza

Aunque por su juventud y temprana muerte -y, en su defecto, seguramente también por su proceder político- no estuviese llamado a recibir la mitra, su destacada celebridad realista justifica una mención sobresaliente en estas líneas.

«Si se entiende por realista uno que haga de cada Rey un Papa como Lutero, Calvino, y los de Puerto-Real; que ponga en las coronas la tiara para mamárselas de un bocado á ambas la pandilla, no soy realista. Si un hombre que defiende los derechos que Dios y su Iglesia le hayan concedido [...], hasta la muerte [...] lo soy», dijo el propio D. Felipe(96).

Nacido en Albalate de las Nogueras (Cuenca) en 1792, fue hombre de «débil complexión», «su estatura era pequeña», «sus ojos penetrantes y modestos», pero «su conversación era tan amena y sazonada con un gracejo natural, que nadie podia estar triste al lado de él»(97).

Seminarista becado en Sigüenza, llegó a Catedrático de Física Experimental con 17 años, desempeñando dicho cargo hasta los 22 y siendo posteriormente Catedrático de Teología en Cuenca entre 1815 y 1820. De gran inteligencia y ortodoxia, si alguna vez entre sus discípulos «se introducía alguna conversación menos oportuna, al verle, un que viene Zafrilla bastaba para interrumpirla, y que no se continuase»(98).

En 1820 accedió a la canonjía lectoral de Sigüenza, donde volvió a residir; se opuso al golpe constitucionalista de Riego, sobre el cual se despacharía al siguiente tenor, que no deja de responder a la realidad: «los que enviados á la América tuvieron el heroísmo de chuparse el dinero y volver las armas contra quien los enviaba, abandonando á su suerte tantos hermanos, y separándolos para siempre de su patria»(99).

El 19 de marzo de 1821 se dirigió a los seguntinos con un sermón desde el convento de monjas Franciscas, en el que declaraba su repulsa a lo que el Trienio implicaba:

«¿Adonde voy?» exclamó «Sé que mi interés personal pide callar; pero también sé que este lugar, que el carácter de ministro de Jesucristo... no reconoce intereses propios cuando se trata de los de un Dios que le redimió a costa de su sangre [...] no debemos callar [...] ¿qué me sirve a mí tener paz con los hombres, si estoy en guerra con Dios? ¿qué me importa el sosiego de mi cuarto, si tengo clavado en el corazon el puñal de no haber cumplido con mi deber? ¿de haber callado cuando no debía?»(100)

En cuanto a la complicidad del Gobierno liberal en las agresiones a los religiosos durante el Trienio, recordaba que «ni se castigó por quien tiñó el cadalso con la sangre de los Sacerdotes»(101).

A causa de tales opiniones le denunció el Teniente Capitán constitucional del regimiento de zapadores D. Ventura Nogueira, de Alcalá; para no ser arrestado, se retiró al convento de PP. Descalzos de Priego, pero fue detenido el día de San Agustín y llevado a Sigüenza; el Juez de dicho partido D. Juan Roza Ridozes dictó contra él sentencia el 19 de septiembre de 1821, reafirmada por la Audiencia Territorial de Madrid, supuestamente por no haberse «conducido con el tino, prudencia, circunspección y miramiento que en las actuales circunstancias exigia la delicadeza de su sagrado ministerio» y por «haber dado lugar con sus espresiones y discursos intempestivos con que se ha manifestado al auditorio á que algunas gentes, incautos por falta de luces, se hayan podido substraer de la senda constitucional», así como por el «ardiente empeño con que entre otros periodos habló de la existencia de los conventos»(102) mientras que «ni tan sola una vez haya esplicado al pueblo las ventajas de nuestro actual sistema de Gobierno»(103).

De resultas fue condenado a reclusión de seis meses en el convento de Franciscos Descalzos de Auñón, multado y apercibido «bajo la mas estrecha responsabilidad, que en lo sucesivo cuando le ocurriese ocupar la cátedra del Espíritu Santo, sea el que fuere el tema de su Sermón, esplique con la mayor claridad y sencillez, á imitación de los Apóstoles, un punto de nuestra sabia Constitucion»(104).

«Si en todo se les pudiera obedecer como en esto», decía al partir a Auñón hacia su apresamiento, «no hablarían hombre mas obediente que yo»(105).

Tras su prisión, volvió a Sigüenza, siendo vicepresidente de la Junta de nuestra ciudad, que desempeñaría un destacado papel durante la Regencia de Urgel, pues desde aquélla se debía armonizar la efervescencia realista en Castilla(106). Puede afirmarse que, de hecho, nos hallamos ante el momento en que nuestra ciudad ha jugado históricamente una tarea más importante en todo el panorama nacional, dado que representaba, en el bando realista que se levantaba contra el liberalismo impuesto por el Trienio, no ya sólo a la región correspondiente a la antigua diócesis, sino a todo el centro de España.

En relación con el levantamiento realista español de 1822 y 1823 que culminaría con la ayuda del ejército francés del Duque de Angulema, contamos con el siguiente testimonio de la significada posición popular seguntina: «Las vejaciones diarias que se hacian á S. M. habian encendido el amor de sus vasallos, y Sigüenza, que jamas se habia desmentido á sí misma, levantó el grito de la fidelidad para libertar a su Monarca de la opresion en que súbditos desnaturalizados lo tenian constituido.»(107)

La misma Biblioteca de Religión nos recuerda las vicisitudes de la ciudad durante aquella primera guerra civil española, así como las peripecias de D. Felipe: «dos regimientos estaban creados ya, cuando la desgracia de los Guardias el 7 de julio en Madrid, permitiendo a los constitucionales cargar con todas sus fuerzas sobre aquella ciudad, impide su perfecta organización. No obstante, resisten con valor en Mandayona y Bujarrabal; pero en Molina y Salvacañete hubieron de ceder á la multitud, y Zafrilla que los habia acompañado solo por obedecer, salvó casi por milagro»(108).

En compañía únicamente de otra persona, el Lectoral logra escapar y llega hasta Francia, uniéndose a la Regencia de Urgel; a continuación,«hace entrar en España hombres de su confianza, y á esta ocurrencia puede decirse debida en parte la libertad de las provincias inmediatas á la capital»(109). Al parecer, el mensajero realista fue sorprendido por los constitucionales, pero el caballo, tras dejar atrás Navarra, fue descubierto por la Junta de armamento en Mequinenza, donde se conjuntaba el movimiento realista de Aragón, llevando consigo las instrucciones de la Regencia de socorrer a Sigüenza, por lo que Bessiéres acudió en su libertad, batallando en Brihuega y animando con ello a intervenir a la Santa Alianza.

En efecto, después de la victoria el 2 de enero de 1823 en Albalate del Arzobispo (Teruel) sobre los liberales, que quedaban seriamente derrotados, los realistas Bessiéres y Capapé, apodado «El Royo», se habían presentado audazmente a las mismas puertas de Zaragoza, retirándose ante los aprestos de resistencia del General Velasco y los refuerzos gubernamentales a Mina de cara a su deseada toma de la Seo de Urgel, para en su lugar amenazar atacar Calatayud(110).

En un nuevo rapto de audacia de Bessiéres, decidió marchar sobre Madrid, donde cundió el pánico en las filas liberales, saliendo en defensa el Brigadier O’Daly, apoyado por fuerzas mandadas por el Empecinado. El choque se produjo en Brihuega y vencieron los realistas, que derrotaron completamente a la tropa y milicianos nacionales, haciendo numerosos prisioneros (entre ellos, el Brigadier Palencia) y capturando su material, incluidas dos piezas de artillería.(111)

Habiéndose difundido los golpes favorables de Bessiéres y del mítico Trapense, el 7 de abril de 1823 el Duque de Angulema, hijo del que sería postrer monarca borbónico de Francia, cruza el Bidasoa con su ejército, en cumplimiento del acuerdo tomado en el Congreso de Verona. Tras un auténtico paseo militar que le permite entrar en la capital del Reino en poco más de un mes, los Hijos de San Luis y el Ejército español de la Fe ponen fin a la «Campaña Realista» o «Guerra de la Constitución» inspirada por la Regencia de Urgel en la que concurriese D. Felipe, mediante la rendición del Gobierno del Trienio y la liberación del Rey, que es vitoreado el 1 de octubre en el Puerto de Santa María, a los quince años desde que por primera vez ciñera la corona de España.

Restablecido Fernando VII en el Trono, D. Felipe fue fundador del periódico realista «Restaurador». En 1824 volvió a su Catedral, para dedicarse al ministerio sacerdotal; en septiembre del mismo año, obtuvo la canonjía lectoral de Cuenca, pero el 1 de octubre falleció, tan sólo un año después de ver al Rey en la plenitud de su soberanía. Contamos con este testimonio de sus exequias seguntinas: «Espontáneamente los cuerpos Realistas con velas encendidas, la ciudad toda se agolpó»(112).


En sus treinta y dos primaveras dejó escritas las principales obras apuntadas a continuación:

- Diálogos sobre la filosofía corpuscular;
- Tres Cartas sobre la enseñanza (incompleta);
- Veinte Cartas «de un Español emigrado á un Periodista francés», sobre el estado de su patria, de enero de 1823;
- Diálogo sobre el estado crítico de las dos naciones;
- Legitimidad de la Regencia de Urgel;
- Cinco Diálogos sobre el Gobierno representativo; Historia del pronunciamiento de Sigüenza por su Rey, en prosa y comenzada en verso, sin terminar;
- El Cenáculo, poema en verso contra los luteranos;
- Nueve Cantos sin concluir;
- Novena al Angélico Doctor santo Tomás sobre el buen uso de los Lugares Teológicos;
- Estatutos o Constituciones para las academias de Teología del Seminario de San Julián;
- Estatutos o Constituciones para la Academia de Filosofía de San Juan Nepomuceno;
- Geografía aplicada a la Religión;
- Teología y Ciencias Eclesiásticas en dos Diálogos, sin concluir el segundo;
- Bosquejo o Plan para un tratado de Física, en Diálogo;
- Apología del Sermón de San José que motivó su persecución;
- Cuarenta y ocho sermones y escritos, cuatro de ellos en latín;
- Pláticas doctrinales a su Comunidad;
- Sermón de acción de gracias a la Virgen del Carmen por la conservación de su Seminario durante la invasión francesa;
- Centinela contra los errores del siglo;
- Espejo histórico de los errores del día, o sea Cartas de un autor desconocido;
- un hermoso panegírico de San Luis Gonzaga(113); y numerosos artículos en «El Restaurador», incluyendo la Alocución en la libertad del Rey y una famosa filípica titulada «¿Cómo vamos de restauración?».

De entre todas las obras, destacamos los cuatro tomos del «Centinela», escritos en un increíblemente corto periodo de tiempo desde el convento de los Descalzos de Priego, que él llamó santo desierto, pues verdaderamente pudo actuar «animado de su fé, llevado de su celo, en medio de la persecución personal que la secta había suscitado contra él, obligado a enmudecer en la cátedra del Espíritu Santo, desde donde tronaba contra los errores, confinado por los satélites de la impiedad á la estrechez de una reclusion»(114).

Los manuscritos fueron encontrados y reunidos por el padre del autor y publicados en Madrid postumamente en 1829, merced a D. Basilio Antonio Carrasco Hernando(115); formalmente, constituye una constestación abierta a las cartas igualmente abiertas y pseudónimas que Joaquín Lorenzo Villanueva dirigió al Arzobispo de Valencia, tan maltratado por la milicia liberal, y en general contra los escritos del propio Villanueva.

De estilo a la vez culto y fresco, castizo e irónico, respecto a la profundidad de su análisis religioso y filosófico cabe decir que el joven Canónigo seguntino se expresaba «derramando sobre todas estas materias con símiles y comparaciones las mas adecuadas, un lleno de luz que no se podrá admirar bastantemente»(116); a título de ejemplo del dominio teológico, son abundantes los apoyos y correspondientes citas del Doctor Angélico(117). A su vez, la extensión de la obra da pie a su autor a extenderse en comentarios colaterales, incluyendo los de carácter histórico y contemporáneos de su tiempo; la estructura de la obra, que contiene referencias a Sigüenza(118), es la siguiente:

- Carta I, sobre el escepticismo filosófico;
- Carta II, sobre el escepticismo teológico;
- Carta III, en la que se llama a juicio y se condena el escepticismo filosófico;
- Carta IV, ya de 1822, en la que se llama a juicio y se condena el escepticismo teológico;
- Carta V, en la que se demuestran el modo y medios por donde ha hecho tan rápidos progresos el escepticismo filosófico, y que incluye una defensa de la Metafísica, irónicamente contenida en la interrogación «¿ha predicado vmd. por ventura contra la constitucion?»(119);
- Carta VI, en la que se demuestra cómo ha podido progresar el escepticismo teológico, y cómo ha podido influir en el escepticismo filosófico;
- Carta VII, en la que se manifiesta el origen, propiedades y límites de la potestad civil;
- Carta VIII, en la que se establecen los verdaderos elementos de la Sociedad civil;
- Carta IX, sobre la formación de la Sociedad civil, y el modo con que la ley eterna unió sus elementos, descritos en la carta anterior;
- Carta X, sobre el origen de la sociedad Eclesiástica o Religiosa, considerada principalmente en el orden natural;
- Carta XI, sobre el origen de la sociedad religiosa en el orden sobrenatural, con clasificación de sus diversas leyes y de la disciplina;
- Carta XII, sobre la divergencia y analogía de las legislaciones divina y humana, y origen de la Disciplina;
- Carta XIII, en la que se manifiesta el verdadero y riguroso sentido de la Disciplina Eclesiástica, sus diversas funciones, y la íntima unión del culto interno con el externo; consta la Religión revelada, sus diversos estados, el orden disciplinal en cada uno de ellos, y su independencia de la soberanía civil;
- Carta XV, en la que se prueba la soberanía de la Religión en su segundo estado o en la ley escrita, hasta el tiempo de los Reyes de Israel, deshaciéndose las muchas equivocaciones en esta materia, y se manifiesta el gobierno extraordinario de Dios con su pueblo;
- Carta XVI, en la que se prueba la misma independencia de la disciplina eclesiástica en tiempos de los Reyes de Israel, David, Joas, Josías, Asá y Ezequías; Carta XVII, en la que se prueba la misma independencia de la disciplina eclesiástica en las siguientes épocas hasta la venida de Jesucristo;
- Carta XVIII, en la que se realiza un análisis de las dieciséis «Cartas de don Roque», que eligió el estilo epistolar para criticar al Arzobispo de Valencia;
- Carta XIX, de observaciones generales sobre las Cartas de D. Roque, en que se presenta el verdadero punto de vista de los dos partidos, «á cuya frente se halla el M. R. Arzobispo y don Roque Leal»; y
- Carta XX, «verdadera defensa de los Recursos de fuerza y regalías de S. M. C. en esta parte».

En materia de investigación histórica, la lectura de la obra evidencia la existencia de conexiones de carácter realista, en aquel momento, entre D. Felipe, D. Basilio Antonio Carrasco, a quien ya nos hemos referido y entonces Canónigo Lectoral de Cuenca, y D. Ramón Falcón y Salcedo, a la sazón Obispo de aquella diócesis y de quien como seguntino daremos cuenta más abajo(120).

En suma, este «nuevo Daniel»(121) aunaba «la maestría de un sabio, á veces la elocuencia de un orador»(122) con la «rectitud de intención aun en las cosas mas pequeñas»(123); por su «genio profundo y sublime»(124) debe ser recordado el joven Lectoral de Sigüenza D. Felipe Lesmes Zafrilla.





Notas:
96 Lesmes, Op. cit., tomo XXII, pág. 137.
97 Carrasco y Díaz, Biblioteca de Religión, tomo I, pág. xxx.
98 Ibid., pág. xiii.
99 Lesmes, Op. cit., tomo XXIV, págs. 88-89.
100 Carrasco y Díaz, Biblioteca de Religión, tomo I, págs. xviii-xx.
101 Lesmes, Op. cit., tomo XXIV, pág. 87.
102 Carrasco y Diaz, Biblioteca de Religión, tomo I, pág. xxiv.
103 Ibicl., pág. xxv.
104 Ibid.
105 Ibid.
106 Ferrer, Tejera y Acedo, Op. cit., pág. 88.
107 Carrasco y Díaz, Biblioteca de Religión, tomo I, pág. xxvi.
108 Ibid.
109 Ibid., pág. xxvii.
110 Ferrer, Tejera y Acedo, Op. cit., pág. 75.
111 Rafael Gambra Ciudad, Guerra Realista, Diputación foral de Navarra, Pamplona, 1983, pág. 26.
112 Carrasco y Díaz, Biblioteca de Religión, tomo I, pág. xxix.
113 Ibid., tomo XXIV, pág. 147.
114 Ibid., tomo XXI, págs. iv-v.
115 La eminencia de este escritor realista guadalajareño, Obispo de Ibiza desde 1831, también sugiere distinción histórica, aunque su indirecta relación con Sigüenza aconseja su tratamiento en otra ocasión.
116 Carrasco y Díaz, Biblioteca de Religión, tomo XXI, pág. xi.
117 Así, en las págs. 98 y 99, 130, 156, 193, 225, 228, 241, 247 y 252 del tomo XXI, 23 y 268 del tomo XXII, 4, 9, 29, 45, 50, 87, 91, 149, 153, 268 y 278 del tomo XXIII y 67 y 100 del tomo XXIV.
118 V.gr., tomo XXI, pág. 177.
119 Lesmes, Op. cit., tomo XXI, pág. 340.
120 Ibid.., pág. 17.
121 Carrasco y Díaz, Biblioteca de Religión, tomo XXI, pág. vii.
122 Ibid., pág. iv.
123 Ibid., tomo I, pág. xxix.
124 Ibid., tomo XXI, pág. xi.

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