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DON ENRIQUE DE ARAGON, marqués de Villena


(Torralba, 1384-Madrid, 1434) Nieto bastardo de Enrique II de Castilla por parte de madre y descendiente de la Casa de Aragón por parte de padre, quedó huérfano muy joven. Poseía amplios conocimientos de matemáticas, filosofía, astrología y alquimia, lo que le valió una perdurable fama de brujo. Tras un matrimonio fracasado con María de Castilla, se retiró a sus posesiones, donde permaneció hasta el fin de sus días entregado al estudio y a la redacción de su obra, de la que se conserva una parte escasa; el resto acabó en la pira poco después de su muerte. De su obra subsisten las traducciones de la Retórica nueva de Tulio de Cicerón, La Divina Comedia de Dante y la Eneida de Virgilio, que fue el primero en traducir a una lengua romance, de acuerdo con sus ideales humanistas de recuperación de los clásicos. También es autor de Los doce trabajos de Hércules (1417), escrita originalmente en catalán, Tractado de dojamiento o de fascinología y Arte de trovar (1433), en la que introduce al castellano la técnica poética de los provenzales.

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DON ENRIQUE DE ARAGON, marques de Villena, en quien concluyó la línea masculina de los condes de Barcelona, nació en 1384, y era tercer nieto del rey D. Jaime II de Aragon. Estuvo casado, divorciado, y mal de su grado unido otra vez con Doña María de Albornoz, señora de Alcocer, Beteta, Torralba y otros lugares y villas del Infantado. No tuvo sucesion de este matrimonio; pero fuera dél habia tenido dos hijas: Doña Beatriz de Aragon, que se desposó con D. Pedro Giron , maestre despues de Calatrava, y Doña Leonor, que nació año 1430, y tomó el hábito en 1445 en el convento de religiosas franciscanas de la Trinidad de Valencia, del que fué abadesa muchos años. Sufrió D. Enrique largos infortunios. Fué muy dado á las ciencias. Restableció en Barcelona la academia de poesía, que en 1316 y por privilegio de D. Juan I de Aragon fundaron D. Luis de Aversó y Don Jaime Martí, llamada la Gaya; la cual habia venido á mucha decadencia. Asistia el rey á sus certámenes, presidiéndolos D. Enrique. De esta academia decia el Dr. Andrés en su Aganipe Ms.



Y cuando Don Enrique de Villena
Con Don Fernando vino
A la insigne Barcino,
El Apolíneo gremio
De su fecunda y elegante vena
Ilustró con aplausos y con premio,
Donde el Rey presidia
En trono para honor de la poesía;
Y de la Gaya ciencia
Escribió su elocuencia
Mostrando la erudita
Copia de sus noticias y primores,
Donde cifró las flores
Conn un sutil tratado
Del arte de trovar intitulado,
Que á instancia lo escribió del señor de Hita,
De Don Iñigo Lopez de Mendoza,
Por quien Castilla laureles muchos goza.
En trágicas, si dulces cantilenas,
Del príncipe Don Carlos las cadenas
Y su temprano y triste acabamiento

«Cantáron sus dulcísimas camenas." etc.

Formó una gran biblioteca, que á su fallecimiento sirvió en mucha parte de pábulo á las llamas. Era llamado el astrólogo, y esto sirvió de pretesto para desconceptuarle con el rey D. Juan II su sobrino. Murió en Madrid á 15 de diciembre de 1434 pobre y sin sucesion legítima, y se le enterró en el convento de San Francisco.

Escribiendo Hernando Gomez, médico del rey D. Juan, á su amigo Juan de Mena, sobre la quema de los libros, le decia: ''No le bastó á Henrique de Villena su saber para no morirse, ni tampoco le bastó ser tio del rey para no ser llamado encantador. Ha venido al rey el tanto de su muerte; é la conclusion que os puedo dar es, que asaz D. Henrique era sabio de lo que á los otros cumplia, é nada supo de lo que le cumplia á él. Dos carretas son cargadas de los libros que dejó, que al rey le han traido. E porque diz que son májicos e de artes no cumplideras de leer, el rey mandó que á la posada de fray Lope de Barrientos fuesen llevados. E fray Lope, que mas se cura de andar del príncipe, que de ser revisor de nigromancias, fizo quemar mas de cien libros, que no los vió él mas que el rey de Marruecos, ni mas lo entiende que el dean de Ciudad-Rodrigo: ca son muchos los que en este tiempo se fan dotos faciendo á otros otros incipientes y magost é peor es que se facen beatos faciendo á otros nigromantes. Tan solo este denuesto no habia gustado del hado este bueno e manifico senhor. Muchos otros libros de valia quedáron á fray Lope, que no serán quemados ni tornados. Si vuestra merced me inauda una epístola para mostrarla al rey para que yo pida á su señoría i algunos libros de los de Henríque para vos, sacaremos de pecado la ánima de fray Lope, y la ánima do D. Henrique habrá gloria, que no ser su heredero aquel que le ha metido en fama de bruxo é nigromante."

Y luego el mismo Juan de Mena alabó en sus versos á D. Enrique, de los cuales damos la siguiente muestra:

Aquel que tú ves estar contemplando
En el movimiento de tantas estrellas
La faena, la órden, la obra do aquellas,
Que mide los versos de cómo y de cuándo;
Y ovo noticia filosofando
Del movedor y de los conmovidos,
Del huego, de rayos, de son, de tronidos,

Y supo las causas del mundo velando
(CXXVI).


Perdió los sus libros sin ser conoscidos.
Y como en exequias le fueron ya luego
Unos metidos al ávido fuego, o
Y otros sin órden no bien repartidos,
Cierto, en Atenas los libros fingidos
Que de Protágoras se reprobáron,
Con cerimonia mayor se quemáron
Cuando al senado le fueron leídos.
Aquel claro padre, aquel dulce fuente
Aquel que en el Cástulo monte resuena,
Es D. Henrique. Señor de Villena,
Honra de España y del siglo presente:
O ínclito sabio, autor muy seyente
Otra y aun otra vegada yo lloro,
Porque Castilla perdió tal tesoro,
No conoscido delante la gente
. (CXXVIII).

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