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VENERANDO MURCIANO LEÓN:UNA POESÍA SENCILLA, VIVENCIAL Y FAMILIAR


Venerando Murciano León

VENERANDO MURCIANO LEÓN:
UNA POESÍA SENCILLA, VIVENCIAL Y FAMILIAR.


Venerando Murciano León es una persona polifacética que gusta de la palabra clara y precisa y deja reposar sus textos. Él mismo, al preguntarle desde cuando escribe nos dice: “Me ha gustado escribir desde siempre. Empecé con mis diarios de adolescencia. Tengo unos cuantos borradores de diferentes géneros. Últimamente escribo más poesía por aquello de que es más fácil empezar y acabar y decir más cosas en poco espacio de tiempo.”
No se apresura nunca ni en sus juicios ni en sus escritos. Para él escribir tiene un significado importante: “Me sirve –confiesa- como punto de encuentro entre las percepciones de mi subjetividad y mis aspiraciones. Creo que lo utilizo como método de reflexión ante lo que me pasa. En realidad se trata de volver a saborear por segunda vez lo que te ocurre”.
Sus poemas son composiciones elaboradas, aunque él diga que no tienen importancia, y merecen ser conocidas por aquellos que aman la poesía y la sienten como un género imprescindible para el ser humano porque es el que nos remueve los sentimientos, porque es el que nos hace ser personas. De ahí que diga de su obra que es “ Sencilla, vivencial y familiar. Nada más”. Y nosotros podemos apostillar “Y nada menos”. Él considera que “Escribir poemas no es difícil. En toda vida existen días de fiesta, plomizos, nostálgicos, con duende... En realidad, creo que cada instante de nuestras vidas posee un poema. Lo que ocurre es, que en la mayoría de los casos, no le ponemos letra. Solo en ocasiones, aprovechando que tienes a mano un bolígrafo y una servilleta de papel de bar, -que en principio debería servir para recoger los apósitos de harina que la ensaimada ha dejado sobre las comisuras de los labios- das forma gráfica, siempre desdibujada, a unas sensaciones”.
Venerando nació en Cañete, un hermoso pueblo de la Serranía de Cuenca, el 28 de marzo de 1949. De alguna manera siempre ha estado vinculado a Cañete a donde regresa en cuanto puede. Así, refiriéndose a su pueblo, nos dice: “...Cada vez que montado sobre el asfalto, me alejo de los trinos de los pájaros de los Balladares, una parte de mí se rompe en forma de lágrima... ¡Qué nadie me hable... hasta que las horas y la orografía cierren mis carnes!”. No obstante, su poesía no describe el paisaje, sino los sentimientos, en todo caso el paisaje interior. Si seguimos con su itinerario vital, de muy joven siguió sus estudios en La Salle entre Teruel y Mallorca, aunque nunca perdió sus raíces y vuelve, como veremos, a ellas una y otra vez. Acabó sus estudios de magisterio entre Mallorca y Barcelona y se especializó en Pedagogía Terapéutica en la Ciudad Condal. Desde 1974 ejerce su profesión de maestro con total vocación. Es padre de tres hijos, Mireia, Toni y Joan hacia los que va parte de su mejor poesía. Aparte, Venerando es un defensor del trabajo cooperativo y fruto de ese afán publicó “El color de una utopía” en donde nos habla del proyecto Balmes, en Hospitalet de Llobregat, su afán desde 1985. Es, por lo tanto, una persona de convicciones férreas que no se deja llevar por la primera impresión.
Venerando es una persona curiosa, aunque modesta que nunca creyó que sus poemas mereciesen más atención que la de ser leídos por un grupo de amigos, de ahí su pudor y su resistencia a ofrecerlos al gran público, lo cual hacemos hoy desde aquí y no podemos menos que agradecerle su confianza. Así, es muy consciente de que su poesía no está en los cauces comerciales, por lo tanto, cuando se le pregunta qué opinión le merecen los premios literarios, no vacila al responder: “Supongo que no siempre se les da a los mejores. Pero está claro que a quien se le concede tiene la posibilidad de que se le lea y se le anime a escribir más. No me he presentado nunca a ningún certamen con premio; entre otras cosas porque considero que mis escritos no son lo “suficientemente comerciales” como para que se les dé un premio.” Venerando, pues, no tiene ninguna pretensión más allá del mero hecho de escribir, que ya nos parece bastante. No pretende, cuando escribe, transmitir ningún tipo de valor ni moralizar: “ No suelo planteármelo. Puede que la casualidad haga alguna de las suyas; pero siempre he dicho que “yo me tengo que encontrar el poema”. En principio no suelo ir a buscarlo salvo en raras ocasiones. En consecuencia no suelo partir de una intención ni didáctica ni moralizante.”
Nuestro autor ha participado en distintas revistas y ha escrito varios libros, una novela titulada “El señor de La Salle”; el volumen en el que habla del trabajo cooperativo que acabamos de citar, “El color de una utopía” y un libro hermoso y emocionante en el que recoge los recuerdos de su madre, Teodora León Martínez, a la que en Cañete se conoce como “La Veneranda” que es, precisamente, como se titula el libro y, obvio decirlo, el nombre del poeta a quien hoy dedicamos este estudio. El propio Venerando de manera sencilla repasa su producción y comenta “Utilizo más la poesía. En ocasiones con prosa y las más en verso. De la versificación me interesa especialmente el ritmo. La rima y el metro los utilizo cuando me salen de una manera natural ... Tengo guiones, más o menos serios, de representaciones. Y bastantes artículos.”
Como escribe Miguel Romero Sáiz en el prólogo de “Hontanar de poesía de Cañete” cuando se refiere a Venerando: “Son muchos años vagando entre la pluma y el papel. Sus intentos se conjugan en realidades muy pensadas pero que no reflejan del todo el valor de su destino. Él esquiva las progresiones del poeta, su blancura y su silencio. Hace versos al hilo de sus acontecimientos y busca en cada instante de su propia vida, muy sufrida, las alegrías de los seres que le rodean, a los que tanto quiere, convirtiéndolo en canto lírico”.
No obstante, pese a su dilatada andadura, Venerando Murciano ha publicado algún artículo en la revista “El postigo” de Cañete; ha preparado para sus amigos el libro “Hontanar de poesía en Cañete” y tiene a punto el volumen “Salpicaduras del camino”, al que nos referiremos ampliamente aquí y que incluye también los poemas de “Hontanar”.
También ha escrito un par de poemas, embargados de emoción, a la Semana Santa de Cuenca, que él recoge con el genérico de “Imaginería”.
A Venerando Murciano le pasa un poco, salvando las distancias, lo que a Fray Luis de León que decía que se le cayeron los poemas como florecillas de las manos y, si los leemos bien, veremos que son de los mejores poemas de la literatura renacentista. Llevado de su pudor, Venerando nos dice de sus poemas que son: “Solo son eso: un reducido puñado de momentos, pasados de la servilleta al ordenador. Todavía quedan más cuartillas dobladas en mil formas, producto del tergal del bolsillo sobre mi muslo. Pero las dejaré, por el momento, que duerman, como dice mi admirado Antonio Gala, en ofrenda de pudor. Y digo pudor porque cada salpicadura es un descorche intimista; es una vivencia derramada...”
Su poesía está hecha de vivencias propias y le interesa más la idea y el sentimiento que no la forma, como ya se ha dicho (no duda, si los necesita, en incluir términos, a priori poco poéticos). Las interrogaciones retóricas, las exclamaciones, las suspensiones y el tono directo son esenciales en su obra, así como los versos de distinta medida, los encabalgamientos y ese encadenamiento que hace de palabras en principio prosaicas pero que él dignifica con el verso. Así nos cuenta acerca de sus preocupaciones formales: “La arquitectura poética, a pesar de conocerla, no es mi fuerte. A veces me he visto sorprendido en un metro, en un ritmo o rima determinado sin darme cuenta que lo hacía. Por eso digo que estos versos solo responden, con metro o sin él, a efusiones de mi yo; y en todo caso, quiero creer que son oraciones de la liturgia subjetiva de mi sentir.”
Su obra poética, hasta la fecha, se concentra en “Salpicaduras del camino” que divide en cinco partes, cinco salpicaduras. Venerando en el prólogo a este poemario siente que es complicado llegar a todos los lectores y justifica, de alguna manera, sus motivos a la hora de escribir: “Supongo que si Salpicaduras llega a manos de un “técnico”, intentará entresacar su arquitectura poética; si se trata de un romántico, buscará explosión anímica ; si realista, la plasticidad... ¡Qué feliz contentar a todos! Pero no ha sido ese mi punto de partida. Para mí, escribir es un contento; y ese objetivo lo tengo cumplido.”
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Salpicaduras del camino




PRESENTACIÓN

Escribir poemas no es difícil. En toda vida existen días de fiesta, plomizos, nostálgicos, con duende... En realidad, creo que cada instante de nuestras vidas posee un poema. Lo que ocurre es, que en la mayoría de los casos, no le ponemos letra. Solo en ocasiones, aprovechando que tienes a mano un bolígrafo y una servilleta de papel de bar, -que en principio debería servir para recoger los apositos de harina que la ensaimada ha dejado sobre las comisuras de los labios- das forma gráfica, siempre desdibujada, a unas sensaciones. He aquí por qué titulo "Salpicaduras" a esta gavilla de intentos poemáticos. Solo son eso: un reducido puñado de momentos, pasados de la servilleta al ordenador. Todavía quedan más cuartillas dobladas en mil formas, producto del tergal del bolsillo sobre mi muslo. Pero las dejaré, por el momento, que duerman, como dice mi admirado Antonio Gala, en ofrenda de pudor. Y digo pudor porque cada salpicadura es un descorche intimista; es una vivencia derramada...
La arquitectura poética, a pesar de conocerla, no es mi fuerte. A veces me he visto sorprendido en un metro, en un ritmo o rima determinado sin darme cuenta que lo hacía. Por eso digo que estos versos solo responden, con metro o sin él, a efusiones de mi yo; y en todo caso, quiero creer que son oraciones de la liturgia subjetiva de mi sentir.
Supongo que si "Salpicaduras" llega a manos de un "técnico", intentará entresacar su arquitectura poética; si se trata de un romántico, buscará explosión anímica; si realista, la plasticidad... ¡Qué feliz contentar a todos! Pero no ha sido ése mi punto de partida. Para mí, escribir es un contento; y ese objetivo lo tengo cumplido.
En ocasiones, cuando compongo, tengo la sensación de estar rezando. Lo digo, porque mis mejores poemas, los más íntimos, los que casi nunca escribo, son cuando "charareo" con mi Dios...
La inteligibilidad de mis versos va de la mano de los que conmigo van. Ellos bajan en mi corriente, y en la mayoría de los casos, de ellos se alimentan. Ellos conocen mis lloros, saben de mis risas, contemplan mis éxtasis. Ellos me han visto habitado por la soledad, por el amor, por... mis salpicaduras.

Venerando Murciano León

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AGRECES DE MI PARRA
Vida y obra de Jesús Martínez Jiménez




¿Quién te pinta con cuencas descarnadas
provista de sudario y de guadaña
cual si fueses aborta de la entraña
de infernales grutas desoladas?

¿Quién escribe de ti que son tus manos
garfios de hielo, tentáculos de acero
o zarpas de raposo carnicero?
¿Quiénes son? ¿Dónde están esos profanos?

¿Quién te pinta pronóstico del mal,
tus huesos vestidos con blanco capuz,
dos simas negras tus ojos sin luz
y una sonrisa presagio fatal.

Muerte, muerte!
A ti me comprometo
a tí ansío;
tiéndeme tus brazos
bésame mi cuerpo hecho pedazos
desmáyame un momento,
y luego ...
resucítame allá arriba
donde el amor es puro,
donde no hay mentira.
Corre...! Ven!
No tardes ni un segundo,
apártate del polvo,
del orgullo.
Corre, vuela, ven
que ya soy tuyo.

Oh muerte, eres para mi la flor;
principio de la luz y de la vida ...
... Corre, vuela ... te espero prometida;
corre, vuela, ven, sáciame de amor!

Te vi venir; obediente viniste
a mi llamada; venías hermosa ...
pero ... ay! eres femenina -caprichosa-
me dormí en tus caricias y te fuiste.
Te fuiste, si.; desperté al instante
de los besos y halagos de tu boca ...
Cómo te burlaste, muerte loca
cual mujer se burla de su amante.

Adiós, hermosa ...
Adiós ... aunque me has dejado
triste, falto de amor y enamorado,
me queda muerte, el consuelo todavía
de que dentro de poco serás mía

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